Responsable de garantizar el uso de energía eléctrica en hogares e industrias, el transformador de energía eléctrica es un dispositivo que trabaja dentro de los principios de la inducción de corriente y tiene la capacidad de modificar la tensión eléctrica.
Existen dos modelos diferentes de transformador: el transformador de potencia, que recibe la energía eléctrica de la planta y la transmite a la red de distribución, y el transformador de distribución, que es la última etapa antes de que la energía eléctrica llegue al consumidor.
Básicamente, la energía producida por las plantas llega al transformador de potencia con una tensión muy alta, y continúa así durante toda la extensión de los cables de la red eléctrica. Es en este punto que el transformador de distribución entra en escena, reduciendo esa tensión y distribuyéndola a casas, tiendas, empresas, industrias y consumidores en general.
Para medir la necesidad del transformador de energía eléctrica, basta con tener en mente que los mayores generadores de las plantas eléctricas envían una tensión superior a 10.000 V, lo cual es imposible para el uso doméstico — que utiliza tensiones de 110 o 220 V.
Esta corriente elevada llega hasta una bobina presente dentro del transformador de energía, creando un campo magnético.
Esa energía es, entonces, transformada en una tensión adecuada y enviada a los consumidores finales.
Si consideramos solo la finalidad de uso, existen cuatro tipos de transformadores de energía:
- El transformador de corriente, que permite el cambio de corriente continua a corriente alterna
- El transformador de potencia, que actúa para enviar la tensión al sistema de distribución
- El transformador de distribución, que transmite la tensión a través de los cables de la red
- El transformador de energía de fuerza, que envía la energía al consumidor final
Durante todo este proceso, la tensión de la energía eléctrica se va reduciendo hasta llegar a los hogares y empresas en la medida adecuada.



