Uno de los grandes problemas enfrentados por la población brasileña en 2014 —y que continúa en 2015— es la falta de agua, que afecta principalmente a la región Sudeste del país.
Además de la evidente y preocupante falla en el abastecimiento de agua potable en las residencias de los brasileños, otro punto viene causando preocupación en los hogares de varias regiones: la falta de luz.
Mucha gente no asocia la falta de agua con la falta de luz, sin embargo, vale recordar que la generación de la energía eléctrica que abastece las casas, apartamentos, tiendas, oficinas, industrias, escuelas y hospitales del país se realiza, principalmente, por la fuerza de las aguas en las hidroeléctricas, como en la nacionalmente conocida Usina de Itaipú.
Con la escasez de lluvias, poco volumen de agua se forma, haciendo que la hidroeléctrica no consiga generar energía suficiente para abastecer un país continental como Brasil.
El reflejo es el racionamiento de energía, eventuales apagones y mucho desconfort para quien está acostumbrado con las comodidades que el suministro de electricidad proporciona.
No son raras las quejas de los ciudadanos sobre la falta de energía eléctrica durante el período nocturno.
Además de la falta de lluvias, esta crisis también es fruto de la falta de inversiones para aumentar la capacidad de los reservorios de las hidroeléctricas. Es esencial, por lo tanto, una política energética para enfrentar sequías de lluvia, ya que esta es la principal forma de generación de energía en el país.
Una solución para evitar situaciones como la que vivimos actualmente sería invertir en otras fuentes de energía, como la solar y eólica.
Sin embargo, las inversiones en estos sectores también fueron tímidas en los últimos años.
Concientización para que no falte agua ni luz
Medidas de concientización son fundamentales en diversos aspectos, sea por la propia preservación de este recurso natural y también para mayor comodidad de los grandes centros urbanos y sus residentes.
En São Paulo, por ejemplo, la demanda por agua potable debe aumentar más de 30% hasta 2040, lo que también eleva el consumo de energía conforme el crecimiento de la población y de la propia metrópoli.
Tal número es una alerta para que nuevas políticas sean aplicadas y para que la población utilice el agua que recibe con cuidado, economizando siempre que sea posible también para que no falte energía en sus residencias.
Lo mismo vale para la energía eléctrica: economice.
¡Su bolsillo y el medio ambiente lo agradecen!







